No tenemos representacion de un yo dividio hasta tanto, aquél que se convierte en un otro de nosotros mismos se hace ver. La enfermedad, el dolor, nos alejan de ese cuerpo que ya es otro y nos enfrenta como dos extraños. Yo sufro, pero el que no funciona es ese otro (la cabeza, el estómago, las piernas).
La medicina nos inclina a esa separación, disgregándonos en pequeños conjuntos: seremos un órgano, una función mal realizada, un gen a estudiar, alguna cosa a extraer, un cuerpo casi mecánico convertido en escenario de infinitas operaciones.
Y uno, que se enfrenta con su cuerpo adolorido, ya es dos. Buscamos el reposo, el mutismo, queremos que ese otro vuelva al silencio de la indefinición.
Pero ese otro se resiste. Medicado, aoscultado, no sólo duele sino que duele distinto. Los remedios para el dolor de cabeza se me convierten de pronto en nuevos temas de mi cuerpo. Se entumecen las manos, los pies, pierdo peso y ansiedades que me acompañaron siempre. También piero deseos, energías. Hay una parte de mi misma que se me escapa.
Mi dolor sigue allí, atenuado, pero ahora acompañado por más molestias. El descubrimiento de un intruso en mi cerebro no ayuda. Es benigno, es inocuo, pero también requiere de medicamentos. Y entonces, más efectos imprevisibles sobre este cuerpo que no es otro que yo misma, convertido en ratón de laboratorio.
Entonces digo basta, porque puedo. Me rehúso a cambiar a una medicación distinta (no veo la ventaja de pasar de los antiepilépticos a los antidepresivos, sólo esperar más rebotes que el doctor anuncia como una lista de probabilidades) y en un arranque de naturalismo incierto, anuncio que prefiero volver a mi historia anterior. La palabra "limpiarme" viene al discurso.
Sé que mi cuerpo volverá a cambiar una vez librado de los químicos que ahora lo inundan. (por otro lado, y en el mismo sentido, yo ya cambié). Con seguridad, el dolor se hará de nuevo más intenso.
Pero prefiero que así sea. Prefiero aquella unidad un poco precaria de mi misma y mi dolor, a esta dispersión de anuncios de mi cuerpo en tratamiento.
El tiempo dirá cuán equivocada estaba. O me enseñará otros caminos, un poco más humanos. Por lo pronto hoy dejo de ser una intrusa para mí misma.